El Lord Clive navega de nuevo...
La publicación del diario El País del Sábado 18 de Abril trae la noticia de la autorización concedida al arqueólogo Ruben Collado para reflotar el pecio del Lord Clive. Por supuesto que el buque no volverá a surcar los mares del mundo, pero trae a flote su historia y los acontecimientos en que participó a la vista de nuestra costa.

Cuando se menciona al Lord Clive, es imprescindible mencionar al Hermano Vigía de la Nao de Colonia, Mario Leal, a quien se ha llamado el "padre del Lord Clive" en virtud del seguimiento que a lo largo de los años ha hecho de los avatares del buque en cuestión. Ha batallado junto a Collado para lograr su exploración y hoy, seguramente le caben méritos en la decisión del Poder Ejecutivo autorizando su rescate.

Transcribimos del El País :
A principios del verano de 1762, en un aviso aparecido en las lóbregas calles londinenses, se solicitaban tripulantes aventureros para una expedición al Río de la Plata asegurando "libertad absoluta para el saqueo". Se fletaron dos naves: el HMS Kingston (bautizado luego como Lord Clive), de 60 cañones, y el Ambuscade, de 40 cañones
Ambos buques fueron puestos a las órdenes del capitán Robert Mac Namara, un oficial de la East India Company, y partieron para Lisboa en agosto de 1762, donde se les unieron otras dos naves (una de ellas la fragata portuguesa Gloria) y 600 hombres más. Tras una larga travesía, la flota arribó a Río de Janeiro, donde se le agregaron otras cinco naves auxiliares y 400 marineros.
Mac Namara decidió en la tarde del 5 de enero de 1763 el plan de ataque, que debía realizarse ni bien amaneciese el día 6. El día clareaba con un cielo totalmente despejado y elevada temperatura; era día de Reyes y el capitán del Lord Clive previó que la población estaría entregada a la liturgia que se celebraba en la festividad católica.Los dos barcos cardinales de la escuadra, el Lord Clive y el Ambuscade, quedaron a escasos 350 metros de la costa.
Bastó un primer disparo para que un atronador cañoneo, que se prolongaría por cuatro horas, pusiera fuera de combate al Lord Clive, que recibió varias andanadas. Por el enorme porte del Lord Clive, sus balas se perdían por encima de la ciudadela. Con una batería corta, los españoles impactaron al navío inglés, utilizando "balas rojas", calentadas antes y que provocaron incendios que se propagaron rápidamente de proa a popa. Del Lord Clive solo se salvaron 6 oficiales y 72 marineros, de un total de 500 tripulantes.
Mientras el buque se hundía, un marinero se aproximó a Mac Namara, quien quería morir con su nave, lo arrastró consigo y lo obligó a echarse al río. Entregados ambos a las olas, la fuerza de la corriente y el cansancio del combate hicieron desfallecer al soldado. Mac Namara le pidió que lo soltara y le dijo que él nadaría solo. Le entregó su espada de Capitán por encima de las olas y se hundió en ellas, encontrando allí su muerte.